He gastado todo mi amor, tratando de amarte. Sí. Y ahora estoy vacío. Soy incapaz de amar, incluso hasta las cosas más insignificantes. Me has descompuesto; ya no soy yo. No. O al menos no el que solía ser. He cambiado de mí muchas cosas; pero tú me has cambiado otras tantas. Me has dejado a mitad de camino, y no sé por dónde seguir. Esto ya no es desamor, es post-amor.
...Porque siempre habrá quien diga lo opuesto a lo que piensa, quien piense aquello que no digo, y viceversa... O todo lo contrario.
lunes, 31 de diciembre de 2012
viernes, 7 de diciembre de 2012
Amando, sin amar.
¿Se puede amar sin amor? Es una pregunta que me ronda desde hace algunas semanas, ahora que nos rodea ese ambiente navideño, lleno de ese "amor", que transita en el ambiente. Pero parece que le cuesta moverse. Ha de ser la contaminación que no lo deja. En fin.
Como sea, esta pregunta se ha intensificado esta última semana. ¿Por qué? Simple. El sacerdote que oficiaba el ritual de un matrimonio eclesiástico al cual asistí, entre tantas sandeces, dijo: "El amor no debe ser físico, no debe entrar por los ojos, debe ser espiritual. (...) Pero no entiendo cómo los jóvenes ahora se aman por Internet, sin estar uno frente al otro, sin contacto físico". Por cosas como estas, dejé de ir a la iglesia.
Pero no es esto lo que me inquietó, sino lo que decía la oración final: "Amar es una decisión, no un sentimiento". Así que me pregunto, ¿es posible esto? ¿O es esto otra clase de amor, uno que desconozco?
Estamos tan acostumbrados a "amar" como en las telenovelas, como en las películas, como en las canciones empalagosas, que no nos detenemos a sentir. Ni siquiera a pensar en ello.
Creo que se puede amar de muchas maneras, pero parece que sólo nos avocamos a una sola: la que nos enseñan los medios.
Como dice la Lispector: "El amor ya está, está siempre. Falta sólo el golpe de gracia -que se llama pasión".
Supongo que me ha de faltar pasión. O será que ya la agoté.
Se puede amar de muchas maneras. Mientras, yo seguiré amando, sin pasión. Amando, sin amar.

miércoles, 7 de noviembre de 2012
Las once de la mañana.
Son las once de la mañana. Once de la mañana en Caracas; en Venezuela; en el Caribe. Las mismas once horas de ayer, y sin embargo en nada se parecen. O sí. No son las mismas once de hace once años, ni las mismas once de los '80. Ni de los '70. Ni siquiera las del siglo XX, o XIX, o XXII.
Son las once de ahora. Y el "ahora" está condicionado por las acciones de sus habitantes, de sus vivientes (o vividores); de ti, de mí, de nosotros. Es un ahora distinto al ahora de un gato doméstico, o el de un perro callejero.
No. No es el mismo ahora. Son las once de la mañana. Las once de una mañana colorida, como ninguna otra. No como la de ayer, no como la de mañana. Una hora propicia para distinguir todos los colores del arcoiris. O al menos, eso parece. Cada hora tiene su color. Y cada color varía con el tiempo. Será que al de las once le ha dado mucho el sol, y la ha decolorado.
Ya se verá dentro de unos cuántos años, si las fotos de hoy, se ven con ese tono semi-amarillento de los tardíos '60, de los transitivos '70, o de los memorables '80; o con ese tono grisáceo que rodea a los '30, los '40, y hasta los '50; o con ese tono sepia que caracteriza a las primeras fotografías, hasta los '20.
En una ciudad como la nuestra, las once de la mañana es la pre-hora del almuerzo. Es la última hora de la mañana. Es una hora muy viva; y a la vez, tan muerta...
Son las once. Hora de la misa dominguera. Hora de diversión en la playa. Hora de levantarse. De vivir.
domingo, 21 de octubre de 2012
La utopía de un amor... (o el amor de una utopía)
Puede ser que esté enamorado en dos tiempos: pasado y futuro.
Un pasado que no volverá, y un futuro que nunca llegará.
Pero, ¿y qué hay del presente? ¡Ah! El presente...
Eso es otra historia de la cual no quiero hablar.
Mientras, déjame recordar, déjame anhelar...
Pero no me dejes actuar, porque dejaría de amar.

lunes, 15 de octubre de 2012
¿Destino? Quién sabe.
Justo ahora, en el umbral de la muerte, es que lo veo todo
claro. Aquellas horas felices en la infancia, cuando sólo me preocupaba por
jugar, donde las explosiones, los accidentes y las agonías eran divertidas para
mí, eran un preámbulo de lo que me aguardaba. Esa infancia, donde el reloj era
más un adorno que un instrumento; donde la muerte era tan lejana, tan mítica,
tan inalcanzable...
Ahora, en el umbral de la muerte, todo se invierte. Ya no es
divertido agonizar; y el reloj es ahora un instrumento que contiene lo más
preciado: el tiempo. Me arrepiento de no haber hecho muchas cosas. Pero si
tuviese otra oportunidad, de seguro seguiría cometiendo los mismos errores, y
tendría los mismos miedos, las mismas limitaciones. Y pensar que hace sólo un
minuto, estaba tan lleno de vida...
La muerte no es sólo física. Sí; esa otra, es la peor de
todas. Porque agonizas indefinidamente. Pero, irónicamente, es la más anhelada, porque a pesar de todo, sigues con vida.
Justo ahora, veo turbio. Tus consejos, madre, tus
consejos... Si pudiese venderlos por un poco más de tiempo, me harían millonario.
Valen tanto tus consejos... Y ni uno pude aprovechar. Ya de nada me valen. ¿Para
qué tanto reproche, si todo terminaría de esta manera? La vida, la vida se me
va lentamente, en esta agonía que me consume cada vez más y más...
Y aunque tengo ahora la mejor condición para morir, nunca se
está listo para este momento. La vida llega a ser como el dinero. Mientras más
tienes, más deseas; y mientras menos tienes, más necesitas. Y no es cuestión de
instinto, no. Es más una cuestión de gula sensorial, de no querer dejar de
sentir. Aunque sea dolor, pero sentir.
Ya no veo más; pero sigo sintiendo. No sé qué hago aquí. No
sé a qué he venido, a qué me han traído. No sé si vine por una misión, y no sé
si la he cumplido; solo sé que regresaré al lugar de donde vine, tal y como
vine. No traje nada, pero lo dejo todo.
Ya no sé si estoy con vida, o si he muerto. Pero mientras me
encuentre en este estado, sé que mi conciencia jamás va a dejarme en paz. Despiértame,
o déjame dormir en paz. Pero por favor, no me dejes así, en este estado.

PD: Te ruego me perdones si llego a faltar a nuestra cita. No fue culpa mía. O tal vez sí. En todo caso, culpa al destino, ese siempre tiene la culpa de todo.
sábado, 29 de septiembre de 2012
Descansa en paz, porque nosotros no podemos hacerlo.
*Enseñanza de la noche: la vida te puede cambiar EN UN SEGUNDO.
*La idea era reunirnos todos los que quedábamos acá, no todos allá. Creo.
*¿A 5 meses exactos? ¿De verdad?
*La verdad, te voy a extrañar. Y mucho.
*Es como temprano para que te vallas. Pero si ves a la abuela (de seguro que sí), dile que la vaina no está buena, pero que mejorará, que no se preocupe. (Aunque tal vez ella lo sepa, pero por si acaso)
*La costumbre (tu costumbre) fue más grande que la nostalgia. Es solo que la nostalgia no desaparece, se traspasa.
*Descansa en paz, porque nosotros no podemos hacerlo.
martes, 11 de septiembre de 2012
Mientras podamos imaginar, todo va a estar bien.
Dios sabe por qué hace las cosas. Si nuestros ancestros hubiesen tenido aviones, no tendríamos Dios(es) que adorar. Desde arriba las cosas son distintas. Puedes ver el inicio de la lluvia, y no su final. Puedes mezclarte con la energía de los rayos, y no ser su presa. Puedes estar por encima de muchos, literalmente. Creo que los políticos deberían estar más tiempo en los aviones. Quizás así podrían mitigar un poco sus delirios de grandeza (o tal vez podrían empeorarlos, pero espero que eso no suceda). Como decía, desde arriba, las cosas "parecen" distintas. La puesta de sol y el ocaso dan la impresión de verse más imponentes, aunque sean iguales tanto en el aire como en la tierra. Aunque es posible que la perspectiva cambie porque arriba no hay obstáculos. No hay edificaciones, ni calles, ni personas. O tal vez sí las haya, solo que no las vemos. Afortunadamente, aún no podemos construir castillos sobre las nubes, aunque la literatura hable de ellos como posibles. Dios sabe por qué hace las cosas. Pero, ¿estamos realmente seguros que Dios es el que hace las cosas? Quizás salió de paseo y haya dejado a alguien a cargo mientras, y este alguien la esté cagando. En fin. La imaginación (y la estupidez) humana es infinita. Mientras podamos imaginar, todo va a estar bien. O tal vez no. Quién sabe.
Extrañar siempre es sabroso. Aunque digan lo contrario.
Precisamente hoy, siento que te extraño más de lo que debería.
¿Por algo en especial? No.
¿Por algo en particular? No.
¿Por algo inusual? No.
Simplemente por algo sentimental.
Es que por más que estudio, y por más que leo, no logro aprender a "desquererte".
Sería maravilloso aprender a querer y desquerer. Quizás así podría enseñarte a quererme.
O tal vez, podría de una vez por todas olvidarte.
Precisamente hoy, siento que te extraño más que nunca.
Tal vez haya sido porque soñé contigo.
Y dicen que cuando uno sueña con alguien, es porque ese alguien te extraña.
Yo creo que es al revés, pero así es la gente. Siempre renegando de los sentimientos, de las responsabilidades.
Y, ¿quién soy yo para llevarle la contraria al mundo?
Tal vez estoy armando un alboroto por una tontería.
Pero, ¿y si no? ¿Y si fuese verdad? ¿Y si ella me extraña tanto como yo?
Quizás nunca lo sepa. Tal vez así sea mejor.
Es extraño extrañar a alguien que no te habla ni para saber cómo estás.
Pero extrañar siempre es sabroso. Aunque digan lo contrario.
lunes, 11 de junio de 2012
La esquina
Esa noche en especial, fue más oscura de lo normal, a pesar del alumbrado público. Y también fue fría.
Las noches en Ciudad Barroca siempre eran extravagantes. Por un lado, la música, la gente, el licor, los carros, la alegría. Por el otro, los silencios, el vacío, la ausencia, la dejadez, la tristeza. Ese contraste de sombras/iluminaciones, de sonidos/silencios, de alegría/tristeza. Era todo siempre exagerado. Tanto de un lado, como del otro.
Y en una esquina, de esas en donde todo puede pasar, donde la mitad está alumbrada con esa luz cobriza y brillante que enceguece y la otra queda en las sombras, fue donde todo -o nada- pasó.
Tú, desde la luz; yo, desde la sombra. Nos cruzamos en la esquina. En ésa esquina. Nuestras miradas se encontraron, nuestros corazones hablaron, nuestras bocas callaron. Pasó de todo en ese instante, y, sin embargo, nada pasó.
Sabía que habría de amarte desde ese momento. Pero el temor a no ser correspondido, sepultó toda acción. También sabía que no sería la última vez que te vería, aunque no supiese nada de ti más allá de lo que habían visto mis ojos.
Esa noche en especial, fue más oscura de lo normal, a pesar del alumbrado público. Y también fue fría. Y lo fueron todas las demás, a partir de ese momento. En esa esquina, donde habría de esperarte, todas las noches, desde el rincón oscuro. Aunque quizás nunca supiste que yo estaba allí, esperándote. O tal vez sí...
lunes, 7 de mayo de 2012
No regales la luna, ten un poquito de imaginación.
No regales la luna; compártela, mejor.
No regales la luna, ten imaginación.
No regales la luna, como se regala una flor.
Dedícala, como a un poema,
y así su belleza siempre estará en tu corazón.
No regales la luna, ni regales el sol.
Mejor admíralos de lejos,
recréalos en tu mente,
y siempre tendrás lo mejor de los dos.
No regales la luna, ten imaginación.
La luna no es tuya; mejor regala tu corazón.
¿Que tienes miedo a que lo lastimen?
Entonces regala amor.
¿Que puedes no ser correspondido?
Lo siento amigo. Así es el amor.
Conlleva alegrías, y también dolor.
...pero no regales la luna: ten un poquito de imaginación.
No regales la luna, ten imaginación.
No regales la luna, como se regala una flor.
Dedícala, como a un poema,
y así su belleza siempre estará en tu corazón.
No regales la luna, ni regales el sol.
Mejor admíralos de lejos,
recréalos en tu mente,
y siempre tendrás lo mejor de los dos.
No regales la luna, ten imaginación.
La luna no es tuya; mejor regala tu corazón.
¿Que tienes miedo a que lo lastimen?
Entonces regala amor.
¿Que puedes no ser correspondido?
Lo siento amigo. Así es el amor.
Conlleva alegrías, y también dolor.
...pero no regales la luna: ten un poquito de imaginación.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Mutabilidad.
-¿Por qué estás tan triste?
-Es que... Me pregunto, ¿por qué hay tanta pena y sufrimiento? Es como si viniéramos a este mundo sólo para experimentar dolor y tristeza...
-¿Eso es lo que te entristece?
-Así es. ¿Quién desearía tener una vida de sufrimiento?
-Estás equivocado. Sí, hay sufrimiento, pero también hay alegría, y viceversa. Las flores, por ejemplo, a pesar de su belleza, también llegan a marchitarse. Todo aquello que tiene vida, no se detiene ni un sólo momento. A este cambio constante se le llama "mutabilidad". Y el ser humano está inmerso en ella.
-Pero, si al final nos espera una muerte ineludible, ¿no significa eso que el sufrimiento siempre termina por imponerse? Por más que luchemos por superar el dolor en la vida, por más que busquemos la felicidad del amor, al final, todo desaparece con la muerte. Me pregunto entonces, ¿por qué nacemos las personas? ¿Sólo para enfrentarnos al final con algo tan temible como la muerte?
-Te estás olvidando de algo...
-¿De algo?
-Así es. No debes olvidar, que la muerte no es el final de la existencia. Si alcanzaras a comprenderlo... Las flores nacen, y se marchitan. Las estrellas brillan, y luego se extinguen. A este planeta, a nuestro sol, nuestra galaxia... Incluso a todo el universo, tarde o temprano, le llegará la hora de "morir". Lo mismo sucede con la vida de las personas. Aunque, comparada con la inmensidad del universo, sólo sea un simple parpadeo, en ese breve lapso de tiempo, las personas nacen, experimentan el amor y el odio, luchan y sufren, pueden reír y llorar, y finalmente, la muerte los envuelve con su manto de "descanso eterno". Así que, no lo olvides, la muerte no es el final de la existencia...
lunes, 30 de enero de 2012
...Y resulta, que terminé siendo escritor.
De todo lo que soñé ser de grande
cuando apenas era un niño,
jamás imaginé que sería lo que hoy soy.
(¿no les ha pasado?)
Soñé con ser científico,
soñé con ser astroauta,
¡hasta soñé con ser ingeniero!
Pero terminé siendo escritor.
Ahora que ya soy grande,
sueño con volver a ser niño,
para seguir soñando con ser grande.
Ahora que soy grande,
sueño con otra grandeza.
No la de ser reconocido,
sino la de espíritu.
De niños, jugamos a ser grandes,
pero de grandes, "jugamos" a ser niños.
Yo estoy en un punto intermedio.
Dice la gente, que cualquiera puede ser escritor,
que eso no tiene "ciencia".
Yo digo, que no es lo que se diga, sino cómo se diga;
pues no es cuestión de "ciencia", sino de "humanidad".
Algo que le falta a la ciencia de hoy,
e incluso, a los supuestos "humanos".
cuando apenas era un niño,
jamás imaginé que sería lo que hoy soy.
(¿no les ha pasado?)
Soñé con ser científico,
soñé con ser astroauta,
¡hasta soñé con ser ingeniero!
Pero terminé siendo escritor.
Ahora que ya soy grande,
sueño con volver a ser niño,
para seguir soñando con ser grande.
Ahora que soy grande,
sueño con otra grandeza.
No la de ser reconocido,
sino la de espíritu.
De niños, jugamos a ser grandes,
pero de grandes, "jugamos" a ser niños.
Yo estoy en un punto intermedio.
Dice la gente, que cualquiera puede ser escritor,
que eso no tiene "ciencia".
Yo digo, que no es lo que se diga, sino cómo se diga;
pues no es cuestión de "ciencia", sino de "humanidad".
Algo que le falta a la ciencia de hoy,
e incluso, a los supuestos "humanos".
sábado, 21 de enero de 2012
La amistad
Amistad, (del latín amicus; amigo, que posiblemente se derivó de amore, amar) es una relación afectiva entre dos o más personas, y tiene muchos componentes. El principal es la confianza, y le sigue la comunicación. Hay otros como lo son el dar ánimos y entender cómo te sientes en situaciones desagradables, que exista empatía y un agrado por compartir una o más actividades, ideas, gustos, recuerdos o la vida misma. Podría extenderme en este punto por mucho tiempo, pero básicamente la idea es esa. La amistad es una de las relaciones interpersonales más comunes que la mayoría (por no decir todos) de los seres humanos tenemos en la vida. Una relación que todos deseamos tener y que a nadie le gustaría terminar. Pero, ¿son eternas las cosas en este mundo? Por una u otra razón, las cosas no siempre terminan siendo como uno las desea. Los amigos son esa familia que uno escoge a lo largo de nuestra vida, para divertirnos con las grandes y pequeñas cosas que ocurren en ella, para hablar de cosas importantes (y también de las que lo son poco), o simplemente para no hablar, y simplemente estar ahí. Un amigo siempre valora la opinión de la otra persona, nunca se olvida, no te impone sus pensamientos, sino te aconseja sobre lo que cree erróneo en ti. Tampoco asiente en todo, no te chantajea, ni busca la manera de hacerte daño. Un amigo es el que está en todos los momentos buenos y malos, el que te levanta cuando nadie sabe que te has caído, el que cree en ti, a pesar de que ya ni tú mismo lo hagas. Según dicen, los verdaderos amigos se tienen que enfadar de vez en cuando. Yo no lo creo. Lo que creo es que la amistad es como la salud: Nunca nos damos cuenta de su verdadero valor hasta que la perdemos. Dedicado a todos mis amigos, los nuevos, los viejos, los que estuvieron o están por una temporada, los de toda la vida, y a los que están por venir...
miércoles, 18 de enero de 2012
Déjà vu.
Esa persona a la que miramos con inusitado interés
en la calle, en el subterráneo, en el bus;
la que nos ha dedicado una sonrisa
en la calle, en el subterráneo, en el bus;
a la que hemos contestado amablemente al preguntarnos por una dirección
en la calle, en el subterráneo, en el bus;
o a la que hemos sujetado la puerta para que pudiera salir
de una tienda, de una oficina, de un ascensor;
(o incluso para entrar
a una tienda, a una oficina, a un ascensor;)
¿No será la persona que pudiera cambiarnos la vida?
La vida son encuentros y azares,
(en la calle, en el subterráneo, o en el bus)
y todo depende de pequeñas decisiones tomadas en un segundo.
(en una tienda, en una oficina, o en un ascensor)
Da vértigo pensarlo.
(en la calle, en el subterráneo, en el bus,
en una tienda, en una oficina, o en un ascensor...)
en la calle, en el subterráneo, en el bus;
la que nos ha dedicado una sonrisa
en la calle, en el subterráneo, en el bus;
a la que hemos contestado amablemente al preguntarnos por una dirección
en la calle, en el subterráneo, en el bus;
o a la que hemos sujetado la puerta para que pudiera salir
de una tienda, de una oficina, de un ascensor;
(o incluso para entrar
a una tienda, a una oficina, a un ascensor;)
¿No será la persona que pudiera cambiarnos la vida?
La vida son encuentros y azares,
(en la calle, en el subterráneo, o en el bus)
y todo depende de pequeñas decisiones tomadas en un segundo.
(en una tienda, en una oficina, o en un ascensor)
Da vértigo pensarlo.
(en la calle, en el subterráneo, en el bus,
en una tienda, en una oficina, o en un ascensor...)
lunes, 16 de enero de 2012
Creo que soy ateo
Creo fervientemente que soy ateo.
La religión para mí apesta,
a guerra, a dinero, a poder.
Es un invento de la humanidad
para aplacar las masas y las ideas.
(también se usa para agitarlas,
porque de ellas se alimenta,
pero eso es ya otra historia)
Es una consecuencia del razonamiento,
para evitar pensar en un "más alla".
Por eso, disfruto del "más acá",
y no pienso aún en el "más allá".
Para eso, tengo toda la vida.
No le temo a la muerte,
es sólo que tengo un excesivo amor a la vida.
No le temo a los muertos,
le temo a los que están bien vivos.
No creo en los milagros,
sólo en el de la vida.
Cuando digo "Dios",
no me refiero a ninguno de los que has creado.
Cuando dices "padre",
pienso también, inevitablemente, en una madre.
Cuando dices "infierno",
pienso ineludiblemente en La Tierra.
(aunque cuando dices "cielo", también...)
Pienso que el que hizo a alguien a su imagen y semejanza,
fue el hombre a Dios, y no viceversa.
Pienso que la fe, es un acto de fe.
En realidad, ya no sé si soy ateo.
Creo en algo, sólo que aún no sé cómo llamarlo.
Algunos le nombran "Naturaleza";
otros le dicen "Destino";
los demás, lo llaman "Religión",
y lo dejan en manos de Dios.
La religión para mí apesta,
a guerra, a dinero, a poder.
Es un invento de la humanidad
para aplacar las masas y las ideas.
(también se usa para agitarlas,
porque de ellas se alimenta,
pero eso es ya otra historia)
Es una consecuencia del razonamiento,
para evitar pensar en un "más alla".
Por eso, disfruto del "más acá",
y no pienso aún en el "más allá".
Para eso, tengo toda la vida.
No le temo a la muerte,
es sólo que tengo un excesivo amor a la vida.
No le temo a los muertos,
le temo a los que están bien vivos.
No creo en los milagros,
sólo en el de la vida.
Cuando digo "Dios",
no me refiero a ninguno de los que has creado.
Cuando dices "padre",
pienso también, inevitablemente, en una madre.
Cuando dices "infierno",
pienso ineludiblemente en La Tierra.
(aunque cuando dices "cielo", también...)
Pienso que el que hizo a alguien a su imagen y semejanza,
fue el hombre a Dios, y no viceversa.
Pienso que la fe, es un acto de fe.
En realidad, ya no sé si soy ateo.
Creo en algo, sólo que aún no sé cómo llamarlo.
Algunos le nombran "Naturaleza";
otros le dicen "Destino";
los demás, lo llaman "Religión",
y lo dejan en manos de Dios.
jueves, 12 de enero de 2012
Anhelo
Eres ese sueño del que despierto antes de saber el final.
Eres la utopía de amor que siempre he deseado.
Eres la sonrisa que me alegra cuando estoy malhumorado.
Eres la mirada que siempre me ha cautivado.
Eres la belleza que siempre he imaginado.
Eres la compañía que siempre he esperado.
Eres la dulzura que nunca me ha caracterizado.
Eres la caricia que nunca he dado.
Eres el abrazo que me ha reconfortado.
Eres el beso que siempre me ha enamorado.
Eres la libertad que siempre he aspirado.
Eres todo lo que anhelo... Y sin embargo...
Eres la utopía de amor que siempre he deseado.
Eres la sonrisa que me alegra cuando estoy malhumorado.
Eres la mirada que siempre me ha cautivado.
Eres la belleza que siempre he imaginado.
Eres la compañía que siempre he esperado.
Eres la dulzura que nunca me ha caracterizado.
Eres la caricia que nunca he dado.
Eres el abrazo que me ha reconfortado.
Eres el beso que siempre me ha enamorado.
Eres la libertad que siempre he aspirado.
Eres todo lo que anhelo... Y sin embargo...
¿Cómo hago con esta nostalgia que me está matando?
He caminado, sin voltear, con lágrimas en los ojos, pero con una sonrisa; Miro al cielo, recordando, añorando, soñando... Pero sigo caminando... Y cuando la tristeza me pese más de lo necesario, la dejaré por el camino... Y seguiré caminando.
Hay ciertas cosas que no pueden cambiarse, ni aunque se quiera. Pero, dime, ¿cómo hago con esta nostalgia que me está matando...?
Hay ciertas cosas que no pueden cambiarse, ni aunque se quiera. Pero, dime, ¿cómo hago con esta nostalgia que me está matando...?
Perspectiva
Porque no es lo que se diga,
sino cómo se cuente.
No es lo que se vea,
sino cómo se mire.
No es lo que se oiga,
sino cómo se escuche.
No es lo que pienses,
sino cómo lo interpretes.
Los hechos marcan,
las acciones se recuerdan,
y las palabras repercuten.
Y/o viceversa.
Todo es subjetivo;
todo es cuestión de perspectiva.
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