lunes, 30 de septiembre de 2013

mamihlapinatapai (miradas que hablar pueden)

Si pudieras entender mis miradas, sabrías lo que mi boca calla.
Si yo pudiera ver lo que se esconde tras la tuya,
quizás pudiera saber lo que callan tus labios.

Y es que nuestras miradas dicen una cosa,
nuestras bocas otra, y nuestras actitudes otra más.
¿Irónico, no? Todo un compilado de lenguajes,
para que al final no podamos entendernos.

Leer las miradas no es cosa fácil.
A veces el subconsciente nos engaña haciéndonos creer
que vemos lo que queremos mirar en ellos.

Pero leer las miradas (así como cualquier lectura)
es algo gratificante, para el que gusta de leer.
Y tu mirada es como esa clase de libros
que puedo leer una y otra vez sin cansarme,
porque en ella encuentro -cada vez que la leo-
un significado distinto, aunque tenga siempre escrito lo mismo.

Mucho antes del habla, las miradas comunicaban
lo que con palabras no sabíamos expresar de otra manera.
Y cualquiera que se haya enamorado -o desenamorado- 
alguna vez a través de la mirada,
sabe que hay miradas que difícilmente las palabras puedan explicar.

En todo caso, el acto de mirarse a los ojos
esperando que el otro inicie lo que ambos desean,
pero que ninguno se decide a comenzar,
sí puede definirse en una palabra: mamihlapinatapai.
Y me encanta mamihlapinatapaizar contigo.


PD: Si los ojos son la ventana del alma, las miradas son los cristales de esa ventana. Por más que cambies los cristales, o que estén sucios, empañados, o rotos, dejarán entrever lo que hay detrás de ellos.