Justo ahora, en el umbral de la muerte, es que lo veo todo
claro. Aquellas horas felices en la infancia, cuando sólo me preocupaba por
jugar, donde las explosiones, los accidentes y las agonías eran divertidas para
mí, eran un preámbulo de lo que me aguardaba. Esa infancia, donde el reloj era
más un adorno que un instrumento; donde la muerte era tan lejana, tan mítica,
tan inalcanzable...
Ahora, en el umbral de la muerte, todo se invierte. Ya no es
divertido agonizar; y el reloj es ahora un instrumento que contiene lo más
preciado: el tiempo. Me arrepiento de no haber hecho muchas cosas. Pero si
tuviese otra oportunidad, de seguro seguiría cometiendo los mismos errores, y
tendría los mismos miedos, las mismas limitaciones. Y pensar que hace sólo un
minuto, estaba tan lleno de vida...
La muerte no es sólo física. Sí; esa otra, es la peor de
todas. Porque agonizas indefinidamente. Pero, irónicamente, es la más anhelada, porque a pesar de todo, sigues con vida.
Justo ahora, veo turbio. Tus consejos, madre, tus
consejos... Si pudiese venderlos por un poco más de tiempo, me harían millonario.
Valen tanto tus consejos... Y ni uno pude aprovechar. Ya de nada me valen. ¿Para
qué tanto reproche, si todo terminaría de esta manera? La vida, la vida se me
va lentamente, en esta agonía que me consume cada vez más y más...
Y aunque tengo ahora la mejor condición para morir, nunca se
está listo para este momento. La vida llega a ser como el dinero. Mientras más
tienes, más deseas; y mientras menos tienes, más necesitas. Y no es cuestión de
instinto, no. Es más una cuestión de gula sensorial, de no querer dejar de
sentir. Aunque sea dolor, pero sentir.
Ya no veo más; pero sigo sintiendo. No sé qué hago aquí. No
sé a qué he venido, a qué me han traído. No sé si vine por una misión, y no sé
si la he cumplido; solo sé que regresaré al lugar de donde vine, tal y como
vine. No traje nada, pero lo dejo todo.
Ya no sé si estoy con vida, o si he muerto. Pero mientras me
encuentre en este estado, sé que mi conciencia jamás va a dejarme en paz. Despiértame,
o déjame dormir en paz. Pero por favor, no me dejes así, en este estado.

PD: Te ruego me perdones si llego a faltar a nuestra cita. No fue culpa mía. O tal vez sí. En todo caso, culpa al destino, ese siempre tiene la culpa de todo.
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