Somos un instante del instante;
una chispa del fuego que,
irremediablemente, habrá de extinguirse
algún día; puesto que no hay nada eterno,
todo cambia, todo se transforma.
Y tarde o temprano, volverás de donde viniste.
De lo desconocido a lo desconocido;
de la nada a la nada;
del polvo al polvo, y luego a algo más.
Y porque somos un hito en el tiempo,
un halo de luz en la oscuridad,
es que debemos apreciar ese don
tan valioso como invaluable,
irremplazable y único:

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