Porque brotan del interior,
de felicidad,
de tristeza;
símbolo de emoción,
buena,
o mala.
Porque su recorrido es corto,
pero emotivo;
a veces las amamos,
a veces las odiamos,
a veces son predecibles,
y otras veces inoportunas.
Compañeras en la soledad;
a veces muchas,
a veces pocas;
muchas veces incomprensibles,
otras tantas enigmáticas.
Cargan en su ADN,
en lo más interno de su existencia,
la más pura de las emociones.

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